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domingo, 25 de abril de 2010

Enduril-la desvirgata, opera in tre atti

Asistimos esta velada de gala al glorioso acontecimiento del estreno mundial de la ópera fantástica "Enduril-la desvirgata", del eximio compositor vilatorradense Uyuyuy Keledoy.

Tras el estreno general, en el que traslució el potencial de la partitura, un elenco de gala se reune hoy nuevamente para hacer los honores a tan floridos pentagramas.

El reparto presenta por orden de aparición:

  • Davide Pottery, mago telequinésico, tenor ligero
  • El Niño, espíritu de la juventud feliz, contra-tenor acrobático
  • Kikonio, el aprendiz volador, bajo profundo
  • Noelio Corpogladiatore, señor del sentido común, tenor heroico
  • Saverio Zixerone, príncipe del vuelo bajo, barítono bufo
  • Enduril-la, ninfa de los bosques, soprano coloratura
  • Yatevala Benpaká, espíritu de las prisas, mezzo-soprano agónica
  • Davide Vitebaco, volador desmotorizado, bajo aligerado
  • Saverio Onestém, guía desnortado, barítono desaffinnatto
La ópera se desarrolla en un preludio y tres actos, con simetría formal exquisita, que nos retrotrae a un clásico equilibrio y a una estructura en arco que se tiende hasta un espectacular fuego de artificio final.

El preludio, marcado Matinale Sonatore, ma non vivo, e poco mosso al tornare a suonare il dispertatore degli coglioni, nos presenta el interior de varias residencias, que poco a poco despiertan de su letargo, para introducir al cabo de varios sonidos producidos por instrumentos informales (percolatore d'amore, cañería cromática, tripófono matunino y regoldatore di bassetto).

Poco a poco, de lo más profundo de las cañerías, emergen los sones que se van integrando al final en gozosa sinfonía bajo los marciales sones del tema "Enduril-la, con coglioni alla vittoria" en si bemol menor (esto es, con cinco bemoles).

El himno marcial acompaña el caminar de los paladines hasta los predios de la ninfa Enduril-la, tristemente raptada por Plugio, Señor de la Lluvia.

A los acordes de la marcha responde el lastimero eco de la deliciosa aria para soprano de coloratura "Questo Plugio m'ha dessato espatarrata".

Sin transición, comienza el Atto Primo, en el que los paladines se conjuran para liberar la ninfa Enduril-la de las garras del malvado Plugio.

Todo el teatro tiembla ante la emoción que acompaña esta conocida página, que ha trascendido las escenas operísticas para gozo de todos los amantes del bel'arte. La deliciosa página es un octeto para siete voces masculinas en escena, a la que responde el contrapunto de las imprecaciones de la ninfa.

La escena, marcada "Adagio-Piu mosso-Allegro, che non è pocco- Frena, ossesso", con el atractivo nombre de "Enduril-la, dalle, dalle la barril-la".

Telón con estruendoso aplauso del conmovido público, que demuestra su agrado lanzando diferentes vituallas a los cantantes, entre los cuales podemos mencionar frutos de tomatáceas y cucurbitáceas varias.

El segundo acto presenta un áspero contraste, en el que un desgarrado oboe responde a las invocaciones de Noelio en su aria de bravura "Io non le tiro". Tras comenzar el da capo, Noelio inicia una peligrosísima stretta que desemboca en la genial cabaletta "L'ho fatto, non lo credo, ma che coglioni i miei".


Pottery, Kikonio y el Niño entonan un trío, espectacular de virtuosismo repitiendo en canon "Non tiene nata- tutto è facile pel coraggiosi enduretti".

Saverio Zixerone y Saverio Onestém, nos sorprenden con un número de orientación desnortada con una fuga, que va acelerándose cada vez más, mientras el coro repite "In track non siamo, corpo di Bacco" a lo que los desnortados guías responden "Questo aparecchio non val' un pimiento".

Davide Vitebaco comienza poco a poco a sentir los encantos de la ninfa Enduril-la que le canta al oído "Vola, vola, pericolo non c'è", lo que le hace levitar cual espíritu etéreo.

Ante el extasiado Vitebaco, responde Saverio Onestém con su aria "Emputata l'he cagata. Non m'arriba la forquilla", a los sones de la cual, el Vitebaco vuelve a recobrar la cordura y posarse en el suelo.

Cesan los regocijos con el lastimero recuerdo y las sentidas imprecaciones de la bruja Yatevala Benpaká, frente a la cual nada pueden las protecciones de nuestros gladiadores.

El tercer acto nos presenta a la desventurada Enduril-la, presa del maléfico Plugio, entonando su lastimero "Si non te mullasti, embarrato serei".

De repente, el espíritu de las prisas infunde una nueva determinación en el grupo de paladines con su sugestivo baile " Si non arribi a casa, non mengi calenti in due anni", comúnmente conocida como la "danza del ostracismo sexual impenitente".

Galvanizados por la decisiva intervención de la bruja Yatevala, nuestros héroes cantan su alianza en su "Le tirammo, si, le tirammo", seguido del espectacular número "Questo parco, senza barro, tutto il flou sento n'el corpo".

Ante la decisión de los paladines, se rompe el ensalmo del malvado Plugio y la ninfa Enduril-la, con su coro de hadas y elfas, se entrega sin freno a los musculosos brazos de los intrépidos paladines en el más lascivo desenfreno....
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La discreción de este modesto amanuense impide prodigar más detalles de la increible orgía a la que todos se entregan en el espectacular coro, puntuado por trompas y cornos, "Questa Enduril-la mi fa godere di pilila".

TELON y atronador aplauso para esta impresionante ópera que comienza su desenfrenada andadura por los principales anfiteatros del orbe.

domingo, 21 de marzo de 2010

Festival gastronómico en “El Caliu d’en Puas”

En ocasiones el oficio de crítico gastronómico depara sorpresas inefables en forma de festival de los sentidos. Es entonces deber de cronista rendir pleitesía al arte excelso del alquimista de los fogones que hace posible acercarse, durante un fugaz instante, al vértigo del infinito que invade los sentidos.

El eco del arte del fogonero, el maestro Puas, ha resonado con fuerza en innumerables foros y, por ello, una visita al “Caliu d’en Puas” se emprende como una peregrinación obligada del aficionado de la buena mesa.

La experiencia de los sentidos comienza ya al acceder al atrio del palacio que acoge mesa y cocina. Los iniciados se saludan, conscientes de que van a participar en una experiencia que, tal vez, los hará mejores. El acceso a este templo de la cocina está vedado al mal humor y al tráfago de la vida cotidiana, que, al franquear el umbral, quedan relegados a un pasado difuso.

El maestro de ceremonias pronto acoge a los afortunados y les hace desde el principio sentirse como en casa propia.

Nada más entrar en la sala, sorprende esa ambientación agreste que te hace sentirte en comunicación con la naturaleza y que ha otorgado a este restaurante el sobrenombre de “Palacio del Garraf”.

Un pequeño entrante permite dar un anticipo de lo que espera a los afortunado: un entremés de empedrado de turrón con delicioso guirlache de cannabis. El chef nos explica que la inspiración del plato le llegó al observar un caminante con aires mayo-del-sesentaiochescos. Muy a pesar de los comensales, el plato resulta excesivo en su sazón. Así, solo un iluminado (don Miguel Pesca) consigue degustarlo hasta el final.

Pronto el primer plato, “descenso de shitaké con esencias arbóreas” colma toda expectativa y deja anonadados por su delicadeza al admirado comensal.

Sigue un “vol-au-vent de la extrema vigilancia” con fino hojaldre henchido de carne adobada con picantes especias cumple los más íntimos deseos de la exigente clientela. El manjar, presentado como entremés, es plato de resistencia y su degustación exige acendrados esfuerzos de los iniciados. Alguno incluso se siente literalmente “volar” transportado por las alegrías gastronómicas.

Tras este recio entremés, degustar el resto de la comida exige verdaderos esfuerzos. Sin embargo, nunca fuera degustación de chanzas tan bien servida. Y la alegría ante lo que vendrá ayuda a afrontar con decisión cualquier dificultad. Y es que todos somos conscientes de que toda experiencia de los sentidos debe ser ganada a pulso.

Al fin, escalada la primera parte del ágape, nos aprestamos a degustar un postre absolutamente sublime: un tapón de chocolate y turrón, presentado delicadamente en el plato cual torre de vigilancia frente a la adversidad.

Mención especial merece el esmerado servicio, realmente de fina escuela. Sabe sugerir sensaciones cual guía iniciático, pero, al mismo tiempo, permanecer en segundo plano para dejar al comensal gozar del festival de sensaciones.

Fiel a la tradición, el “Caliu d’en Puas” cuida también de forma extraordinaria la carta de caldos de la tierra, de fina cata delicada.

Al despedirse y franquear de nuevo el umbral los comensales sonríen, conscientes de que han vivido un momento de magia.

Ficha técnica
Nombre: Caliu d’en Puas
Tipo de cocina : Fusión transcendente de esencias mediterráneas
Para: compartir con buenos amigos
Relación calidad/precio : 11 sobre 10
Cotación Michelín : 4 estrellas galácticas

domingo, 7 de marzo de 2010

Matinal de triunfo en la Monumental de Collserola

Día desapacible el que se presentaba para esta matinal en la monumental de Collserola. El tiempo no parecía querer acompañar una faena digna de recordar.



El cartel de la fiesta imprimía en letras de molde el nombre de los cuatro espadas a los que poco importó el desapacible aire que removía el albero.



El cartel era de postín ya que congregaba, nada más y nada menos que a :



- Vestido de grana y azabache Xavi, er niño de Sant Cugat

- Ataviado con cielo y negro, Pedro, er de la Noé

- Con sobrio terno azabache, Marcelo, er maestro arbiselehte

- Enfundado en clásico traje de luces de purísima y alamares de oro, Javier, er de la quinta der sesantaicuatro



Y es que, a pesar de los agoreros pronósticos, los 4 diestros 4 respondieron presente cuando el clarín señaló el principio de los festejos.



A los sones del pasodoble torero “Francisco Alegre y olé” la comitiva inicia el paseíllo dirigiéndose desde la entrada del burladero de Sant Cugat a la presidencia, encaramada en lo alto de la torre de los Pajaritos, no sin antes recogerse durante unos momentos de fervor ante la efigie del santo Medir.



¡Bonito camino el que lleva al santo, al que saludamos desde las alturas del camino de ronda!



Pero, pronto el clarín del miedo reuena y, bajo la presidencia de la torre de los pájaros, los diestros vislumbramos el primer torito de la matinal. Con el desparpajo de los maestros er maestro arbiselehte lanza verónicas y estatuarios a derecha e izquierda. Eso se llama llamar, mandar y templar.



Buena faena clásica la der shikiyo der sesantaicuatro, con dos naturales de muleta y solo un pie tocando el albero, para relanzar con poderío.



Al punto los dos diestros de cielo-oro y grana-azabache surgen felices tras la buena faena de muletas.



Así cae el primer bisho del día, de nombre “Pajarito”.



Saludamos en ese punto al diestro Alberto, er niño del Jarabe y Chiquitín, er grande de Barselona, con quien intercambiamos saludos y anunciamos que deseamos lidiar al mismísimo Minotauro del Laberinto.



Compartimos suerte con estos dos afamados espadas, que nos presentan a la mismísima puerta de toriles.



Allí er niño del jarabe me da la alternativa con el estoque y yo saludo a la concurrencia, mirando al mundo desde el centro del albero y lanzando un sonoro ¡va por ustedes!



Así que tomo la muleta y observo aquel minotauro astifino, cárdeno bragado, resabido por tantas lides.



¡Qué disfrute sentir el poderío y coronar cada pase con un sonoro OOOOOOLE del público enfervorecido! A cada embestida del minotauro arrancaban los diestros altas verónicas de fina escuela y pases de pecho que hacían rugir la arena.



Sólo Chiquitín, er grande de Barcelona, se arrima en exceso y tiene una voltereta en una embestida en la que el animal entra derrotando con sus mortíferas astas.



Afortunadamente, er grande sale por su pie y la anécdota queda en susto sin afectar a las partes blandas del diestro.



Al punto, para cerrar faena, el diestro del jarabe decide entrar a matar con nueva suerte taurina: el trampolín de los peligros.



Contenemos la respiración cuando el espada encara el morlaco, se lanza a moderada velocidad, para al borde del abismo, templa, manda y saluda tras bordar la suerte. El resto de diestros decide dejarle disfrutar del calor del público en soledad, sabiendo que esos momentos dulces compensan de tantos sinsabores y cornadas.



Nos despedimos, pues, der niño del jarabe y del Chiquitín grande de Barselona, esperando que la lidia nos congregue en próximos festejos.



Y, con esperanza de nuevos trofeos, los cuatro diestros restantes encaramos las sinuosas laderas del Mundet, que resulta ser toro peleón y de incómoda faena.



La siguiente lidia es disfrutona, casi una novillada popular en comparación, pero ¡cuánto arte en cada quiebro! ¡Qué velocidad y qué serenidad en cada natural con salto de rana y en la traca final: ese supertobogán en el que todos disfrutamos como en corrida de fiesta mayor!



Desde lo alto, unos curiosos miran con respeto el novillo y lo encuentran demasiado bravo. Así que los cuatro diestros vuelven a subir para repetir suerte, adornándose en cada pase. Vemos a Pedro, er de la Noé, templando en cada momento y a Marcelo, er maestro arbiselehte, bordando con su arte cada lance, a Xavi, er niño de Sant Cugat, arrancando bravos y ar nene der sesantaicuatro, saltando sobre las olas…



Pero el clarín da el primer aviso: el tiempo apremia y 2 morlacos 2 nos esperan aún en toriles. El primero (la Pared II) nos mira desafiante desde lo alto de su atalaya, escarbando el albero con su pezuña, transformado en proceloso barro. Y a porta gayola recibe el maestro arbiselehte, haciendo surgir una ovación de admiración en el público.



Javier, er del sesantaicuatro, recibe el abrazo del maestro y salta al ruedo. Baja, manda, templa, apunta y clava banderillas en todo lo alto. Ruge enfervorecido el coso con pañuelos pidiendo trofeos de la bestia abatida.



Dos diestros observan la suerte y consideran, con buen criterio, que es más prudente adornarse en otra ocasión ante tal bicho.



Presentamos en sociedad la pared de Can Llosas, temible morlaco cincoañero de resabidas maneras. Sin embargo, como ya había sido lidiado en anteriores faenas y ya había sonado el tercer aviso, decidimos abreviar faena.



Queda pues indultado el astifino (por el momento).



Y, de paso, de paso, decidimos dominar otro semental de recia casta: la Pared I, que cae, igualmente, ante la mirada atónita del numeroso público.



El diestro Marcelo adorna incluso su faena con equilibrios al borde del abismo. ¡Oooooolé!



Balance final: una preciosa corrida en la que se abatieron fieras reses de la ganadería de Paredes, con mención especial al semental Minotauro.



Triunfo apoteósico en la monumental de Collserola. Seis orejas cortadas, dos rabos y hasta un toro indultado por su excepcional casta.



La despedida es efusiva: “Pronto en el coso del Garraf o en cualquier plaza mayor de pueblo…”Es que, estimados lectores, días así crean afición verdadera en estos lares.



Y, para celebrarlo, opípara comilona con amigos (con el maestro Jordi, convaleciente de su última cornada).



No, si al final va a ser verdad que hay días que tooodo sale bien.

sábado, 27 de junio de 2009

Mis amigos, los perros

Hoy, el señor de la Cuadra-Salcedo (o sea, yo mismo a los ojos de alguno) ha tenido una de esas experiencias místicas que te hacen reconsiderar lo fútil de las preocupaciones mundanas.

Andaba yo guiando mis ruedas por un caminillo de bajada que no había hecho nunca, pero que debía comunicar con uno que conocía. El camino se ha transformado, al poco, en sendero divertido con algún paso interesante.

Andaba ya contento de haber descubierto un nuevo territorio de juegos cuando, de repente, veo que el singletrack ideal está interrumpido por árboles atravesados.

Me detengo, miro alrededor y veo el patio de una casa rodeado por vallas de fortuna (soportes de colchón, cerramientos de obra), pero con el acceso abierto y una manada de perros mirándome con aire amenazador.

En menos de lo que se tarda en contarlo estaba rodeado por un pastor alemán enseñandome los dientes y otros cuatro o cinco canes, ladrando de forma amenazadora.

¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? Si agarro un palo, puedo defenderme de un perro a lo sumo.

En fin. He hecho lo que podéis imaginar : ponerme a hablar con ellos tranquilamente (lo que podía) y explicarles que en modo alguno quería invadir su intimidad, sino que tan solo pasaba por allí de forma casual.

No se han calmado en absoluto pero no me han atacado.

El caso es que la conversación se me ha hecho eterna y no veía cómo salir de ahí. No me atrevía a seguir avanzando ni a darles la espalda.

Al cabo de un tiempo (cinco minutos, una hora, ¡qué sé yo!) aparece la versión femenina de "ho habeu vist" ("¿lo habéis visto?"), ese excitado hincha futbolero, totalmente iracundo, que impreca, fuera de sí, a un árbitro que no "pita como debiera" .

La señora, totalmente poseída por una ira incontenible, comienza a gritar de forma desaforada : "ENRERE, ENRERE!" (¡Atrás, atrás!).

Imaginad a la viejecita tendiendo la manzana a la Bella Durmiente, pero añadid el volumen corporal de la Caballé y la vena hinchada en el cuello de "ho habeu vist".

Añadid el coro de Euménides formado por los canes rabiosos y tendréis una imagen aproximada de la situación.

-De acuerdo, señora-le digo. Yo me voy para atrás, pero tendría la amabilidad de sujetar a los perros.
- ENRERE- repite ella monotemática.
- Sí, sí, pero si sujeta al perro, a lo mejor no me muerde.
- VAGI CAP ENRERE!... Esto es un camino privado (traduzco sus imprecaciones en lengua vernáculo).
- Si el perro me muerde tendremos un problema.
- No se puede pasar por aquí. El camino no está aquí - dice ella, gritando, y acercándose al perro más amenazador, que finalmente acaba sujetando.

En este punto no sé quien da más miedo, si los perros desvocados o la femenina furia.

- Ya, ya, pero ¿puede sujetar a los perros, que están sueltos?
- Los perros están sueltos porque esto es una propiedad privada. ENREREEEEEEE!
- Lo siento, señora. No he visto ningún cartel que lo indicara- intento terciar.
- Se habrá caído el cartel. ENREREEEEE!
- ¿Puedo pasar por la derecha hacia el camino principal? ¿Me puede indicar si hay paso?- le pregunto, con mi tono más amable, sabiendo que ese camino principal está a escasos 100 m hacia abajo, aunque se ven varios pinos atravesados
-El camino principal está lleno de pinos. ENRERE!- dice ella como quien exorciza un poseso.
- ¿Y la carretera, que está aquí al lado?-pregunto, sabiendo que está a unos 20 m a lo sumo, ya que la casa es visible desde la carretera.
- ENRERE, íncubo del maldito, súcubo enviado por Jezabel. (Bueno, eso no lo llega a decir, pero seguro que lo piensa, mientras sujeta al can Cerbero).

Finalmente, ante el nivel de diálogo establecido y viendo que mis posibilidades de llegar a mayores con la dama son escasas, acepto ir hacia atrás, manteniendo la mirada fija en la manada de perros y bajo las imprecaciones de la señora.

¡Qué curioso! Una vez me he alejado y he dejado de escuchar ladridos caninos y alaridos humanos, he mirado al cielo y he visto que había luz del sol y que, a pesar de todo, era un gran día.

Entonces he respirado, he subido una pequeña cuesta y he bajado mi trialera preferida.

Apa, nos vemos el domingo. Os prometo que no pasaremos por allí.

PS : No llevaba las benditas protecciones. En caso de ataque feroz de canes podrían haber sido ser de utilidad.